El lunes empecé mi PFC/tesina en el BSC, dentro del departamento de ciencias de la vida. Y ¿sabéis la gran sorpresa? todo el mundo usa linux.

El primer día ya me tenían preparado un ordenador «del que, de momento, no necesitas ni el 1%». Un AMD Opteron, de 64 bits, y dos núcleos a 2600 MHz, con 4 GB de RAM, un disco SATA de 300 GB y una tarjeta gráfica Nvidia Quadro FX 3500 que, como referencia, marca 45.000 fps en glxgears. Este monstruo tiene una caja que ocupa y pesa el doble de lo normal, tres o cuatro ventiladores silenciosos, diez puertos USB y una TFT 17″.

Como iba diciendo, estas preciosidades usan todas OpenSuse/KDE, y aquí hay biólogos que no han tocado un PC en su vida y trabajan como si tal cosa. Lo primero que me dijeron los de sistemas es que «tienes dos opciones, usar una cuenta limitada y dejarnos el mantenimiento del PC, o te damos el password de root pero no nos llames más que para formatear si se casca». ¿Adivináis qué opción elegí?

Cierto es que ahora mismo no necesito ni el 1%, así que para aprovechar ciclos muertos empecé a apt-getear instalar Gnome y Compiz. Tuve la oportunidad de probar el famosísimo Yast, el centro de control de Suse, y me pareció lento y poco usable, a años luz de las cuatro utilidades básicas pero prácticas de Ubuntu. Sobre todo echo en falta a Synaptic y el apt-get, porque ¡hay que resolver los conflictos de dependencias a mano! ¡Como en las slackware de 1997! También me toca las narices que los paquetes binarios no tengan versiones para 64 bits (java, skype, flash) y tenga que usar emulación o, sencillamente, no funcionen.

Flame aparte, me alegra muchísimo que en una institución pública de investigación todo el mundo use linux, aunque también esté instalado Windows porque venía de serie con el ordenador. Sin embargo, aun sin ser informáticos, aquí la gente ha aprendido a abrir un terminal para programar en perl o tener varias ventanitas de las X tuneleadas por SSH para pasar programas al MareNostrum o cargar los servidores de tareas gráficas intensivas. Como dato importante, el MareNostrum funciona con linux, una Suse (de pago) específica para su hardware

He tenido muchísima suerte con esta beca para el PFC, se trata de mi entorno de trabajo ideal: investigación, público, software libre, en el mismo campus, ambiente joven, máquina de café Nespresso; y además me pagan un poquito. A cambio tengo que meterme de lleno en temas de bioinformática y web services, lo cual se ve superado con creces por los beneficios de esta beca :)