Hace tiempo que paso mucho rato escuchando música, sobre todo en el tren, con mucho ruido de fondo. Tengo un ipod desde hace años, pero jamás me preocupé de comprobar la calidad de los auriculares que vienen por defecto, pensaba que era algo “de pijos” y que no merecía la pena molestarse en ello. Y, ciertamente, no tenía demasiada necesidad: ya me iba bien con lo que tenía.

Sin embargo, cada vez hay más ruido en el transporte público. En los trenes hay música de fondo que está demasiado alta, lo que obliga a la gente a gritar más para hablar, y gracias al limitador de potencia del ipod hay muchas veces que no llego a oír la música que llevo puesta. No hay ironía en lo de “gracias”, al contrario. De no ser por este limitador, sencillamente habría subido el volumen al máximo y me habría destrozado los tímpanos ya hace tiempo. Así que esta semana me decidí a cambiar los auriculares por unos mejores. Tras dejarme recomendar por Nacho, me compré los Sennheiser PX100 por 50 euros.

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En el momento de pagarlos me dolió soltar ocho mil pesetas por unos auriculares, pero lo he meditado un tiempo y creo que merece la pena. ¿Por qué? Bueno, lo primero es que es una inversión en salud: al no ser de botón, aíslan parcialmente el ruido exterior y no es necesario enchufarme 120 dB directamente al tímpano. Además me ha permitido redescubrir mi música por completo y descubrir que el ecualizador del ipod funciona de verdad, que no es un timo. Sencillamente, si el auricular no es de calidad no aprecias la diferencia en los agudos, los graves, la voz… acabo de darme cuenta de que muchas canciones que conocía llevan melodías de fondo que no había podido escuchar hasta ahora.

De nuevo, si pensáis que 50 euros es demasiado, posiblemente tengáis razón. Sin embargo, hay más motivos.

Imaginad que vuestro reproductor mp3 es un coche. Los principales factores de calidad son el bitrate del mp3 (la gasolina), el reproductor en sí (el motor) y los auriculares (los neumáticos). De nada sirve un Ferrari con unos neumáticos desgastados ni tampoco un 600 correrá más por llevar los mejores Firestone o gasolina súper.

De nuevo, si estáis contentos con vuestro reproductor mp3 de 20 euros, guardáos el flame para vosotros mismos. He podido comprobar de primera mano estos tres factores, gracias a mi reproductor chino de 20 euros, los auriculares originales del ipod y música codificada a varios bitrates. Así pues, por mucho que enchufe los Sennheiser de 50 euros al mp3 chino, la música se oye de pena. Los graves se distorsionan y se oye ruido de fondo, tanto eléctrico (el típico zumbido) como de mal contacto (el “rrrrr”). Si es suficiente para vosotros, que no lo discuto, me parece muy bien, pero no me vengáis con que los reproductores cutres suenan igual que los buenos, porque no es cierto.

No tengo muy buen oído, pero también he podido darme cuenta que la misma canción suena bastante mejor a 192 kbps que a 128 kbps, pero ¿sabéis qué? la diferencia sólo se aprecia con unos auriculares buenos. Vamos, que al fin y al cabo la parte más importante de escuchar música es vuestro oído, y si lo que conecta la máquina con vuestro oído es de mala calidad, no sirve de nada tener un buen aparato o buena música.

¿A dónde quiero llegar con esto? Pues que de poco sirve tener un ipod si no lo acompañas de unos mp3 bien ripeados y unos auriculares algo mejores. Quizá 50 euros sean excesivos, aunque después de usarlos durante dos días he de decir que me ha sorprendido lo bien que suena la música. Ya no suena enlatada, está más viva, más vibrante. Cualquier ahorro en uno de los tres componentes anteriores va a revertir en peor calidad, especialmente en los auriculares. Y os recuerdo que he estado tres años con los auriculares originales del ipod; no os lo estoy explicando por esnobismo sino porque me he sorprendido gratamente de los beneficios de unos buenos auriculares.

Como resumen, si os gusta la música y tenéis un buen reproductor —no es necesario que sea un ipod, cualquiera “de marca” vale— pedid a algún amigo que os deje unos buenos auriculares y probad a escuchar la misma música. Seguro que notaréis la diferencia.