¡Qué bueno! Yoigo acaba de hacer una de las cagadas empresariales más monumentales que recuerdo. ¡Ojalá fuese licenciado en ADE para poder entender mejor las consecuencias! Imaginad, aunque soy tan tonto que mi vocabulario empresarial se reduce a “IVA IRPF Nómina”, estoy por los suelos de la risa por lo patético del caso.

Supongo que en 1º de Economía explican algún principio del estilo “nunca permitas que tus clientes perciban como desfavorable algo que les es favorable”. ¡Bravo, Yoigo!

Por si no estáis al tanto, os meto en el tema. Resulta que Yoigo, una pequeña compañía telefónica que estaba captando muchos clientes gracias a sus bajas tarifas y el boca a boca, ha conseguido cabrear a todos sus clientes quitándoles algo que no tenían al principio.

Hacia noviembre, anunció que todas las llamadas entre Yoigos serían gratuitas, para siempre. ¡Fantástico! Gracias a este argumento conseguí pasar algunos amigos a Yoigo, y para otros fue la gota que colmó el vaso de su antiguo operador. ¡Vamos todos al más barato!

Yoigo, una compañía que se definía como honesta y sin letra pequeña, aseguró en muchas ocasiones que “no se trataba de una oferta de navidades” y que el “Cerazo” —como ellos lo llamaban— sería para siempre.

Sin embargo, la semana pasada han rectificado las tarifas mediante una nota de prensa bastante engañosa. Ahora, las llamadas interred ya no son gratis; tan “sólo” son gratis una hora al día. Es decir, si el total de minutos que llamas a otros Yoigos durante el día no supera los 60 minutos, este cambio no te afecta. En mi caso concreto no tengo ningún problema, y la realidad es que a la mayoría de clientes tampoco les molestará de un modo demasiado significativo. Yoigo sigue siendo la compañía más barata.

¿Qué pasa entonces? Resulta que los clientes se beneficiaron de una oferta que ahora ha sido recortada. En resumen, estamos mejor que antes de que se anunciara el “Cerazo” de Yoigo; antes teníamos cero, nos dieron dos y luego nos quitaron uno. ¡Ay! Pero los clientes no somos calculadoras, y preferimos quedarnos con cero a que nos quiten uno, aunque antes nos hubiesen dado dos.

La compañía ha respondido al enfado internetero creando blogs falsos y dejando comentarios por ahí, asegurando que “si cancelas tu contrato con Yoigo, tendrás que abonar el terminal por el contrato de permanencia”. Falso. Como comentaré en otro post, yo mismo he reclamado a la Junta Arbitral de Consumo y me han dado la razón (en mi caso, contra Movistar): el cliente no tiene que abonar nada si es la compañía la que cambia las tarifas.

Pero, hombre de dios, ¿es que no hay un solo economista en la empresa que haya hecho números antes de lanzar las nuevas tarifas? ¿No hay ningún empresario para razonar que, quitando una oferta, estás perdiendo absolutamente la honestidad frente a los clientes?

Suponiendo que la credibilidad se pueda compensar con dinero, ¿qué dinero van a ingresar recortando esta oferta, que les compense el daño hecho a los clientes? ¿Qué porcentaje de usuarios llamaba más de una hora al día? ¿Un 2%? Pues bien, ahora el 100% de clientes han perdido la confianza en su compañía. ¡Bravo!

Ahora suponed que sois el directivo de una empresa de telecos y os llega un informe del estilo “Error del departamento de contabilidad provoca ajuste de las tarifas al alza. Clientes enfadados. Plan de márketing a tomar por culo. Se prevé una desaceleración de las altas”. ¿Qué cara ponéis?

Por lo tanto, hemos pasado de una compañía “honesta” y “sin letra pequeña” a una panda de mentirosos (”oferta para siempre”) incompetentes (error de contabilidad) y manipuladores (confundiendo a los clientes mediante internet) que no son capaces de planificar una oferta a dos meses vista. Además, Internet, su principal grupo de fans, se ha puesto —lógicamente— en contra de la compañía, difundiendo opiniones negativas. Y, como todos sabemos, en la Red, una opinión negativa cuenta más que mil positivas.

Personalmente, como el recorte no me afecta, seguiré con Yoigo porque me resulta la más barata. Eso sí, también han perdido mi confianza; con el “boca a boca” les traje seis clientes, y éstos otros más, y eso tampoco se paga con dinero. Ya no voy a creer ninguna otra oferta “para siempre” que lancen al mercado ni recomendaré esta compañía por “ser diferente” o “ser transparente”. ¡Que os den!

Al final será verdad lo de que, cuando llegan elecciones, todo el mundo se vuelve loco. O eso, o realmente nuestra generación tiene un verdadero problema con las matemáticas.