Ya he hablado otras veces de este tema, pero quería escribir algo para que no penséis que he abandonado el blog.

Hace un año me creé una cuenta de Twitter. Al principio no quería, pero pensé que sería una buena manera de estar en contacto con la gente. Una semana después la borré porque no podía permitirme perder tanto tiempo leyendo updates.

También me hice una cuenta de Facebook. Lo de Facebook tiene más tela, porque resume un poco la historia de mi vida. Veréis, hace años me creé una cuenta en Gmail, cuando todo el mundo iba con Hotmail. Yo decía a mis amigos «hey, haceros cuenta de gmail, que os dan un giga para guardar correos y no tiene publicidad como hotmail», y ellos me contestaban «qué va, tío, eso es de frikis». Meses después todo el mundo iba con gmail, pero no porque yo se lo recomendara, sino porque otros amigos no-frikis se lo recomendaron.

Entonces yo iba ayudando a la gente a instalar linux. Algunos aceptaron, y siguen con las Ubuntus, y otros no querían porque «era de frikis». Años después, he descubierto que más gente tiene una partición con Ubuntu y la usa de vez en cuando, pero no porque yo se lo recomendara, sino porque otros amigos no-frikis se lo recomendaron.

También hace un año, aproximadamente, abrí una cuenta de Facebook, y vuelvo dos párrafos atrás en la narración. En esa cuenta tenía a conocidos de internet, gente de la facultad y poco más. No había nadie de mis amigos de toda la vida, ni del instituto. Yo les animaba a abrirse una cuenta, porque es una web muy entretenida y que además permite subir fotos y hacer varias cosas. «Eso es de frikis». Me cansé de chorradas y lo borré. Ahora absolutamente todo mi pueblo está en Facebook, se pasan fotos por Facebook —y se niegan a enviármelas por correo, porque eso «ya no se lleva»— y se organizan cenas por Facebook. Lógicamente, esta gente se hizo una cuenta, pero no porque yo se lo recomendara, sino porque otros amigos no-frikis se lo recomendaron.

El punto que me ha animado a escribir el artículo es que todo lo que recomendamos los frikis o tiene cierto «olor a friki» repele automáticamente a la masa social. Esta masa, sin embargo, no tiene problemas en abrazar algo que hace dos meses era friki, si otro no-friki se lo sugiere.

Reflexión final: Los no-frikis en realidad son más frikis que los frikis. La percepción de una herramienta como algo friki repele a los no-frikis, aunque posteriormente la usen, creyendo que ya no es friki, pero en realidad lo sigue siendo (o simplemente no lo era desde el comienzo)

Ejercicio: pronunciar el trabalenguas anterior
Corolario: Si conseguimos que un ídolo de quinceañeras promocione Linux, tenemos la batalla ganada.