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Esto es todo, amigos

Llevo como seis meses pensando en escribir esta entrada, y finalmente ha llegado el momento. Cierro el blog.

El primer motivo, el obvio, es porque ya no lo actualizo. El segundo, el más importante, es porque la informática ya no me motiva. Antes era mi forma de vida, ahora es una herramienta de trabajo, y un incordio la mayoría del tiempo.

Y el tercero, y no menos importante, es porque ya no soy la misma persona que en 2004 escribía artículos sobre software libre. Ahora uso mac, pago por Spotify —ver la entrada anterior— y tengo Facebook y un iphone. Toma castaña.

Creo que no merece la pena seguir escribiendo para el público de Punto y Aparte, que espera de mí ciertas cosas que ya no voy a ofrecer. El lector de aquí está interesado en software libre e internet, y para mí el software libre ya no es una prioridad; sigue siendo igual de importante pero ya no es mi lucha. Me gustaría que os quedárais con lo mejor del blog, aunque hoy día no escribiría según qué cosas, y las tiras, sin olvidar los viejos artículos de Referenta, si es que los encontráis. Qué lástima de proyecto.

Podéis seguirme en Dame la voz, una lucha mucho más difícil ya que estamos compitiendo cara a cara con los medios generales. Después de las IV Jornadas de Podcasting ya no pienso que el podcast esté muerto sino que ha llegado demasiado pronto, aún no ha nacido. Y también seguiremos con Yendor, uno al mes, mientras podamos.

En fin, que en Internet las cosas van así, aparecen y desaparecen. Aguantaré este dominio y mantendré los posts, y seguiré con otros proyectos, pero el blog sobre tecnología e internet llega hoy a su fin después de casi seis años dando la matraca. Creo que al menos se merecía una despedida formal, y no quedarse colgado en el olvido para siempre.

Gracias por vuestra atención, y hasta más ver.

Spotify y la censura de la música

En el anterior Yendor hablamos sobre Spotify, la nueva revolución en el mundo de la música. Se trata de un programa en el que puedes escuchar cualquier canción, cuando quieras, sin restricciones, mientras tengas conexión a internet. El paraíso, vamos.

Su modelo de negocio se basa en la publicidad y las suscripciones. De vez en cuando aparece una cuña publicitaria que, si bien molesta muchísimo, es el precio a pagar por escuchar música gratis bajo demanda. Pagando una módica cantidad uno puede suscribirse al servicio para eliminar la publicidad completamente, lo que a día de hoy no compensa por las dos razones que quiero explicar en este post.

Pongo como ejemplo el disco «It’s not me, it’s you» de Lily Allen. Se trata de un álbum lleno de tacos y que mayormente habla de temas semipornos –aunque de una forma divertidísima–, que contiene una canción titulada «Fuck you» (literalmente, «Que te jodan»). El puritanismo estadounidense, el mismo que –perdonadme la demagogia– permite que con dieciocho años una persona pueda conducir o llevar armas, pero no beber alcohol o votar en algunos estados, obliga a estos álbumes a llevar una etiqueta avisando de que contienen lenguaje ofensivo.

Por desgracia, Spotify, al ser un servicio global, ha decidido tomar una decisión solomónica y censurar directamente todas las canciones que contienen tacos. Los artistas ya producen versiones limpias para la radio estadounidense, que son los que finalmente se ofrecen en Spotify. Curiosamente, hace aproximadamente un mes, la versión del álbum era la que contenía tacos, pero por lo visto están modificando todas las canciones polémicas de todos los álbumes para eliminar las palabras malsonantes.

Por ello yo, como mayor de edad, que tomo la libre decisión de escuchar una canción pese a que tenga tacos, y que no acepto que me introduzcan un pitido en la palabra «fuck», no pagaré por este servicio.

Segundo punto. Algunos os preguntaréis si es una solución de compromiso, una decisión técnica, y aquí es donde viene mi segunda queja. Spotify tiene restricciones geográficas, supongo que impuestas por las discográficas. Por poneros un ejemplo, id a la lista de éxitos (el “top” de canciones) y veréis que en el “top” mundial hay algunas que están marcadas en rojo y no pueden reproducirse en España. ¡A-ha! Parece que Spotify tiene en cuenta la localización de cada usuario y la legislación de su país. Entonces, ¿por qué censura las canciones en países donde la música nunca se censura?

Más allá de la relación con el primer punto, quiero remarcar el hecho de que no voy a pagar por un servicio si me limita la música en función del país donde viva. ¡Es estúpido! Las restricciones geográficas son un reducto de los negocios del siglo XX, donde cada país operaba de forma diferente. Ahora parece que hemos descubierto un sistema de comunicación y comercio global, ¡y en lugar de aprovecharlo como ventana al mundo, importamos las restricciones ligadas al modelo anterior!

Vamos, me refiero a que las discográficas podrían aprovechar Spotify como una manera de decir «mira, como ahora no tenemos limitaciones técnicas, si pagas a Spotify podrás acceder a cierta música que no podrás escuchar en disco o por la radio, ¡corre y paga!», y yo seguramente correría y pagaría, porque es un servicio cómodo, rápido y en general estoy muy satisfecho con él.

Pero, mientras en el mundo globalizado sigamos restringiendo el libre acceso a la información, ya sea para no ofender a algunas conciencias o para contentar a empresarios que viven anclados en el siglo XX, la población seguirá encontrando alternativas para escuchar lo que le gusta, y las empresas perderán clientes y dinero. Renovarse o morir.

Podcast “El Arca de la Alianza”

Enigma me hizo el viernes una entrevista para su podcast El Arca de la Alianza y ha quedado tan, tan bien que seguramente os interesará.

Hemos hablado de soft libre, interfícies de usuario, procesadores, bioinformática y muchas frikadas más. Como soy yo el que suelto el rollo casi todo el tiempo, es como si fuera un episodio póstumo de Punto y aparte :)

¡Gracias por la entrevista, Enigma!

Hola, me llamo Carlos y soy un destructor de discos duros

Ha vuelto a pasar. Exactamente lo mismo. El sábado mientras grabábamos DLV ya se me quedó colgado, y hoy ha empezado a rascar —literalmente— hasta que se ha apagado para no encenderse jamás.

El portátil ya no está en garantía, pero da igual. Iré a cualquier tienda a comprar un disco duro de muchos gigas, de cualquier marca excepto los que usa Apple. Malditos, ¡yo os maldigo!

En otro orden de cosas, el mes pasado también murió mi viejo pendrive, pero supongo que es normal, ya tenía varios años y las memorias flash tienen una vida útil determinada. Estoy empezando a plantearme trabajar para la CIA: disco que toco, disco que rompo.

Dame la voz se estrena como blog. Bilingüe.

Dame la voz / Dóna’m la veu es un proyecto que empezó a gestarse en el 2007 y que vio la luz en febrero de 2008. Se trata de un espacio de debate joven, semanal, de actualidad y no copado por un solo color político. Nos juntamos un grupo de amigos e inicialmente decidimos hacer un podcast, con el formato de tertulia radiofónica. Sin embargo, debido a que el podcast tiene algunos inconvenientes y que siempre nos quedamos sin tiempo en el programa, decidimos lanzar un blog para dar continuidad al podcast.

Hace tiempo os pregunté cuál era el problema de los podcasts y, bueno, llegamos a la conclusión de que no tienen ningún problema. Pueden no gustar, pueden ser un nicho pequeño, pero no les pasa nada. Así que pensamos en montar un blog, para dar a conocer nuestra opinión a todos aquellos que prefieren el texto al audio.

Sin embargo, no nos quedamos ahí; decidimos hacer una apuesta novedosa por la convivencia de dos idiomas en la misma web. Así pues, el blog de DLV es una página bilingüe, en castellano y catalán, donde se pueden encontrar artículos en ambas lenguas. Cada usuario puede usar el traductor de Google integrado para traducir el catalán —con unos resultados increíbles—, si no lo entiende, o bien ocultar las entradas en alguno de los dos idiomas.

El bilingüismo real no consiste en hacer el paripé de soltar una frase en castellano y la siguiente en catalán “para compensar”. La verdadera esencia de la cultura bilingüe es que cualquiera pueda usar el idioma que le apetezca y, dentro de su ámbito, todo el mundo le entienda y nadie se indigne por haber escogido una lengua u otra. Si a esto le sumamos las ayudas informáticas, el problema está resuelto, al menos con el texto.

Si creéis que os puede interesar, os animo a leer el blog, especialmente la carta de presentación y el manifiesto que he resumido aquí. Más allá de discusiones cosméticas, encontraréis opiniones variadas sobre temas actualidad, sin línea editorial, influencias políticas o intereses comerciales.

Y este, amigos, es el motivo por el que necesitamos supercomputadores (y ni aun con esas)

Vuelvo al trabajo y me encuentro con que todos los rsync al servidor me petan. Vamos a ver.

Para que os hagáis una idea, estoy trabajando con un subconjunto mínimo (menos del 1 por mil) del genoma humano, de los cuales escojo una serie de descriptores numéricos que luego he de analizar, buscando correlaciones y posibles formas para agruparlos “a ciegas”.

Yo sabía que estaba trabajando con un huevo de ficheros, pero como lo gestiono todo con scripts, tampoco me había molestado nunca en mirar cuántos hay. Hasta hoy, claro. Al ver que petaba el rsync, he supuesto que quizá había demasiados ficheros, y o bien era un problema del NFS o del propio rsync, que no puede gestionar una lista tan grande.

Podría decirse que mi ordenador es bastante potente para ser una workstation, y tengo el linux más o menos optimizado. Pero, ¿quién le iba a decir a Hans Reiser que yo iba a poner al límite su sistema de ficheros?

Un ejemplo: dos carpetas de datos, de las varias que tengo en el ordenador.

Sí, son carpetas que contienen millones de ficheros

Y este es el motivo por el que algunos cálculos no se pueden realizar en un computador, ni en mil millones de Marenostrums. Si ya es difícil descubrir algunos modelos de datos, peor es no poderlos aplicar por falta de potencia de cálculo.

Es como vivir en otro mundo; uno cree que Linux es lo más avanzado técnicamente, y se pregunta por qué la gente paga para usar Oracles, SGIs y cosas así. Luego te encuentras con cosas como esta, y se te caen los cojoncillos al suelo.

Si aún no entendéis la magnitud del problema, intentad cruzar un millón de ficheros, todos contra todos. No un millón de elementos, sino un millón de ficheros de cien elementos cada uno. ¿Ya? Bien; ahora tened en cuenta que este proyecto usa sólo la milésima parte del genoma humano y sólo un subconjunto de descriptores disponibles. Y esto es el trabajo de UNA persona. Multiplicadlo por unas cincuenta personas que hay en el laboratorio. Uuuuuffff… y sólo hablo de mi oficina.

Gente de arquitectura de computadores, ponéos las pilas e inventad algo nuevo, como escalabilidad para millones de máquinas en O(1) ;)

Año nuevo, juegos viejos

foto en flickr

Rememorando viejos tiempos. La máquina virtual del Windows 98 (original, por cierto) es para meter el pc fútbol 5.0 (también original) y echar unas ligas para subir el Villarreal a primera. Parece mentira el tiempo que ha pasado… y el Villarreal que ya está en Champions

El ISS y el PC Fútbol eran el mejor simulador mánager y el mejor simulador deportivo de su época. Ahora la gente se vicia al Pro y al Fifa, pero no es lo mismo.

Twitters, linuxes, facebooks y frikis

Ya he hablado otras veces de este tema, pero quería escribir algo para que no penséis que he abandonado el blog.

Hace un año me creé una cuenta de Twitter. Al principio no quería, pero pensé que sería una buena manera de estar en contacto con la gente. Una semana después la borré porque no podía permitirme perder tanto tiempo leyendo updates.

También me hice una cuenta de Facebook. Lo de Facebook tiene más tela, porque resume un poco la historia de mi vida. Veréis, hace años me creé una cuenta en Gmail, cuando todo el mundo iba con Hotmail. Yo decía a mis amigos «hey, haceros cuenta de gmail, que os dan un giga para guardar correos y no tiene publicidad como hotmail», y ellos me contestaban «qué va, tío, eso es de frikis». Meses después todo el mundo iba con gmail, pero no porque yo se lo recomendara, sino porque otros amigos no-frikis se lo recomendaron.

Entonces yo iba ayudando a la gente a instalar linux. Algunos aceptaron, y siguen con las Ubuntus, y otros no querían porque «era de frikis». Años después, he descubierto que más gente tiene una partición con Ubuntu y la usa de vez en cuando, pero no porque yo se lo recomendara, sino porque otros amigos no-frikis se lo recomendaron.

También hace un año, aproximadamente, abrí una cuenta de Facebook, y vuelvo dos párrafos atrás en la narración. En esa cuenta tenía a conocidos de internet, gente de la facultad y poco más. No había nadie de mis amigos de toda la vida, ni del instituto. Yo les animaba a abrirse una cuenta, porque es una web muy entretenida y que además permite subir fotos y hacer varias cosas. «Eso es de frikis». Me cansé de chorradas y lo borré. Ahora absolutamente todo mi pueblo está en Facebook, se pasan fotos por Facebook —y se niegan a enviármelas por correo, porque eso «ya no se lleva»— y se organizan cenas por Facebook. Lógicamente, esta gente se hizo una cuenta, pero no porque yo se lo recomendara, sino porque otros amigos no-frikis se lo recomendaron.

El punto que me ha animado a escribir el artículo es que todo lo que recomendamos los frikis o tiene cierto «olor a friki» repele automáticamente a la masa social. Esta masa, sin embargo, no tiene problemas en abrazar algo que hace dos meses era friki, si otro no-friki se lo sugiere.

Reflexión final: Los no-frikis en realidad son más frikis que los frikis. La percepción de una herramienta como algo friki repele a los no-frikis, aunque posteriormente la usen, creyendo que ya no es friki, pero en realidad lo sigue siendo (o simplemente no lo era desde el comienzo)

Ejercicio: pronunciar el trabalenguas anterior
Corolario: Si conseguimos que un ídolo de quinceañeras promocione Linux, tenemos la batalla ganada.

Dilema mediático

Nacho tenía un dilema al respecto de alquilar series en DVD o bajárselas del Torrent. Para resumir, a él no le apetece comprar unos DVD que luego ocuparán sitio en la estantería, pudiendo adquirir el mismo contenido en formato digital. Por desgracia, en España no tenemos la opción de comprar los episodios al ritmo que salen en EEUU, por lo que es más cómodo bajarlos que comprarlos al cabo de año y medio, cuando sale el DVD en nuestro país.

Hoy se me ha planteado una cuestión similar. Este fin de semana he vuelto a ver Kill Bill, la opera magna de Tarantino, que me compré en DVD cuando salió al mercado y tras verla dos veces en el cine. Digamos, pues, que mi supuesta deuda ética con los creadores estaba más que saldada. Sin embargo, ha llovido mucho desde que salió el DVD, y ahora tengo un monitor de 22″ cuya resolución dobla la del disco.

En resumen, nuevamente. El DVD se ve como el culo en mi ordenador, y la cara de Uma Thurman parece un píxel gigante. ¿Soluciones?

Podría comprar un reproductor blu-ray. Entonces, ¿he de volver a pagar porque el contenido ha cambiado de soporte? Nah. Además, todavía están muy caros. Y el Macbook no es suficientemente potente como para reproducir blu-rays, por lo que no puedo comprar una unidad externa.

También podría comprar la película digitalmente en alta definición, pero por desgracia no la venden. Lo que venden son formatos equivalentes al DVD, pero ¡ya tengo el DVD! Disco que, por cierto, me insulta y amenaza cada vez que intento ver la película, sin posibilidad de saltar el mensaje.

Así que la única solución que me queda es descargar la versión 720p que alguna alma caritativa ha ripeado de su blu-ray y ha codificado en un fichero que ocupa 4,7 GB, pero que tiene más calidad que un DVD. Anda, si a Uma Thurman se le ven las arrugas en toda la cara. Se ha derrumbado un mito…

El absurdo mercado multimedia obliga a los usuarios a “piratear” los contenidos, como ellos lo llaman, para poder adaptar a nuestro nuevo hardware algo por lo que ya pagamos hace unos pocos años. Absurdo.

Por cierto, ya que estamos, también debería bajar Reservoir Dogs y Pulp Fiction. Para tenerlas, nada más. No sea que un día me corten el Internet.

Huelga de informáticos y manipulación de sentimientos

Ayer en Damelavoz estuvimos como media hora hablando sobre Bolonia y cómo afecta a las titulaciones en informática. Para variar, delante de los micros siempre se quedan cosas en el tintero, y precisamente hoy he leído un post de Nacho al respecto con el que coincido al 100%

Para los indecisos, recomiendo leer también estas FAQ sobre Bolonia. Y, como siempre, lo mejor es informarse de primera mano: leer documentos oficiales, preguntar a los jefes de estudios de las facultades, e intentar huir de las manipulaciones de los colegios y las turbas tipo menéame o barrapunto.

Estoy en contra de la regulación y de los lobbys; una carrera garantiza unos conocimientos mínimos cuando tienes 25 años, pero no es una condición suficiente para ser competente en el mundo laboral. Y, por supuesto, cualquier telecos o incluso panadero que lleve 20 años trabajando de informático tendrá muchos más conocimientos que yo a nivel global. ¿Quizá no sabe programar un compilador? Pues para eso ya buscará un informático.

Para acabar, como siempre digo, apoyo todas las huelgas y los grupos de presión mientras sean legales, pero esta vez paso de que me tomen el pelo. Quizá mi visión esté sesgada porque estoy trabajando en un campo diferente del que estudié en la universidad, pero ¿os imagináis que una decisión que tomásteis a los 18 años condiciona vuestra carrera laboral para el resto de vuestras vidas?

Absurdo.

Actualización: Leer mentiras como éstas provoca que me entren náuseas y un deseo de apuñalarles en el ojo. ¿Esa gente son ingenieros informáticos de verdad?

Segunda actualización: En este post se explica mucho mejor que aquí. También hay más información en la web de la Delegación de Alumnos de la FIB (castellano).

Voy a cerrar el tema por mi parte, que ya cansa. Resumiendo: me parece bien que se haga una huelga, me parece mal que se desinforme acerca del motivo de la huelga, no voy a secundarla y estoy en contra de la regulación, pese a existir agravios comparativos. He dicho.